miércoles, 29 de mayo de 2013

Banda sonora: las historias de México a través del corrido

x Diego Cera
 balandugudjina.cera@gmail.com

 Resumen: La segunda Mitad del siglo XIX en México es una época importantísima para la historia de nuestro país; hechos tan significativos como la revolución maderista y la Revolución Cristera se quedaron totalmente plasmados en la memoria colectiva del pueblo mexicano. En nuestros días todo esto lo sabemos por medio de libros de texto; pero para la gente que vivió en carne propia aquellos enfrentamientos sólo era posible conocer las noticias más relevantes por medio de los corridos; composiciones creadas para la población iletrada con la única función de transmitir de boca en boca las historias de los héroes contemporáneos y sus hazañas; las cuales irán cambiado a medida que evoluciona la situación social y política del país.

Esa, la de informar, es una característica principal de este género literario que se mantiene vivo hasta hoy a pesar de los diversos problemas a los que se han enfrentado tanto género como compositores del mismo. La gente siempre ha sentido la necesidad de informarse, ya sea de lo que pasa a su alrededor o de algún simple chisme; necesitamos estar siempre al tanto de lo que ha pasado, de lo que está pasando y si es posible de lo que pasará con nosotros o con la sociedad en la que nos desenvolvemos.

Tenemos ahora diferentes medios para mantenernos informados; pensemos en la T.V., en la radio y si queremos ser un tanto más modernos, por qué no, la internet; mismos medios que también nos mantienen enviciados y entretenidos por horas. ¿Pero qué pasaba con nuestro país en la segunda mitad del siglo XIX cuando el índice de analfabetismo era mayor al de hoy? Aunque se corriera con la buena suerte de encontrar un periódico abandonado en alguna callejuela, para el pueblo no letrado sería imposible leerlo; lo más que podían hacer era mirar y tratar de descifrar la noticia por medio de los grabados que eventualmente ilustraban los periódicos.


De esta necesidad de información nace el corrido; género creado por el pueblo para el pueblo y transmitido por boca del mismo. El corrido no sólo heredó la forma y el carácter narrativo, propios del romance español y de la jácara, sino también retoma de esta última un machismo exagerado, fanfarronería y discurso que serán utilizados para contar las historias de bravucones y valientes de la época quienes tomarán el papel patagónico de la composición. Siendo prácticamente la única fuente de información para las masas iletradas de nuestro país, no es, según asegura Vicente Mendoza en su libro El Corrido Mexicano (1954), hasta llegadas las guerras de Religión y Fueros que el corrido adquirirá un carácter épico llevándolo hacia su independencia como forma literaria.

Durante el porfiriato aparecen algunas piezas que permanecen vigentes hasta nuestros días; composiciones como el corrido de Valentín Mancera y el famosísimo corrido de Heraclio Bernal cuya variante más aplaudida dejó de escucharse en los palenques a partir de la primavera de 2007 con la muerte de don Antonio Aguilar. Los corridos aparecidos en este periodo resaltan la valentía de sus protagonistas; generalmente delincuentes que a manera de Robin Hood robaban a los ricos para darle a los pobres generados por las fallas en el gobierno de Díaz. A partir de esto se determina una de las características fundamentales para la creación del corrido: la de plasmar en sus letras las hazañas de los héroes que el pueblo veía nacer, directa o indirectamente.

 Mientras por un lado había corridos dedicados a un héroe por el otro tenemos a los héroes anónimos, los héroes de trinchera; los llamados juanes , las adelitas y las rieleras que fueron parte imprescindible para el movimiento revolucionario de nuestro país. ¿Cómo olvidar a aquellas mujeres armadas y trepadas en los ferrocarriles si de ellas también fue la lucha? El rol de la mujer sumisa se dejó para la burguesía, la mujer del campo se había hecho a las armas junto con su Juan; sirviendo de vez en vez como enfermeras, cocineras, guerrilleras y, algunas solteras de putas; aún así nunca bajaron la guardia. Por todo esto el corrido, obviamente, tenía que acogerlas en su regazo.

De modo que a lo largo de diferentes publicaciones compilatorias del género, encontraremos verdaderas joyas de tono amoroso retratando el constante, y a veces eterno, partir del ser querido; piezas como la famosísima Rielera quien sufre por la partida de su hombre al que tanto adora. Lo que notamos en las primeras líneas de la pieza es fiel testimonio de lo ya mencionado: “Yo soy rielera y tengo mi Juan, él es mi vida yo soy su querer; cuando me dicen que ya se va el tren, adiós mi rielera ya se va tu Juan.” Y no sólo son coplas de ella para él; el caballero, fuera militar o rebelde, también demostraba su amor, y no era para menos si era ella quien lo acompañaba siempre en batalla, sería obvio el sufrimiento de este al perder a su mujer, tal es el caso de La Adelita, canción que retrata fielmente el pesar de un sargento al imaginar lo que pasaría si su amada le jugase una traición: “Y se oía que decía aquel que tanto la quería: Si Adelita se fuera con otro la seguiría por tierra y por mar, si por mar en un buque de guerra si por tierra en un tren militar.

” El movimiento agrario del sur comandado por Emiliano Zapata también vio nacer una infinidad de corridos; entre los más destacados encontramos ese que lleva por título El Barzón, canción que retoma la injusta y constante historia de muchos trabajadores del campo que fueron técnicamente explotados por los hacendados, dueños de las tierras que el campesino trabajaba de sol a sombra: “Cuando acabé de pizcar, vino el rico y lo partió, todo mi maíz se llevó ni pa’ comer me dejó” Tanto peso ha tenido esta canción que el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional la ha retomado por medio de artistas como La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio o de Amparo Ochoa para ponerla en un álbum compilatorio y convertirla en uno de los diversos himnos que acompañan su causa.

Como hemos visto hasta ahora, la revolución Maderista y el movimiento zapatista del sur, entre otros, serán para el corrido las tetas de donde han de mamar todos los compositores de aquel periodo; dentro de los cuales seguirá latente esa necesidad de transmitir de boca en boca los acontecimientos más importantes de estos conflictos armados. Así como tenemos composiciones relativamente sencillas que relatan directamente las aventuras de algún revolucionario o sucesos que afectasen de alguna manera la vida cotidiana de la sociedad, pero tenemos también composiciones en extremo ingeniosas. ¿Quién no aprendió inocentemente La Cucaracha en sus épocas del jardín de niños? Nadie pensaría que esa canción que tanto nos gustaba tararear fuera motivo para un fusilamiento instantáneo por atacar de tal manera al gobierno de Venustiano Carranza .

La pieza está repleta de una sátira atinada y directa en contra del propio Carranza y a favor de Francisco Villa, eso sí; sin perder en ningún momento el humor crudo que tanto necesitaban los guerrilleros en trinchera para no bajar la guardia y recuperar el ánimo, por qué no, con la ayuda de un buen trago de mezcal. Para ilustrar lo anterior tenemos esta estrofa: “Con las barbas de Carranza, Voy a hacer una toquilla, Pa' ponérsela al sombrero De su padre Pancho Villa” Fue así como el corrido terminó de formarse por completo; comenzó por transmitir noticias de una manera sencilla y directa hasta utilizar, con una sátira brillante, la comparación del gobierno de Carranza con una cucaracha, y no sólo eso; sino que además es una cucaracha moribunda que a final de cuentas es la predicción y principal objetivo del ejercito villista para el gobierno carrancista.

El pueblo tenía ahora una manera de transmitir sus ideas, los pianos y los recitales en teatritos los dejaron para mero entretenimiento del burgués. El corrido había llegado para quedarse, para pena de algunos y para deleite de muchos. De los autores de mitad del XIX y principios del XX es muy poco lo que se sabe, ya debemos estar conscientes de que los corridos eran transmitidos de boca en boca y de aquí para allá; raras veces se imprimían los versos en hojas sueltas de colores que de nada servían al pueblo iletrado. Entonces difícil sería ya recordar todas las estrofas del corrido; ponerles el toque personal y salir a cantarlas día a día como para recordar el nombre del primer autor. Y aquí es donde tendría gran acierto lo que alguna vez dijo Facundo Cabral en un concierto que dio con Alberto Cortez allá por 1994: “Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son; y cuando las canta el pueblo ya nadie conoce el autor. Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar que al volcar el corazón en el alma popular lo que se pierde de gloria se gana de eternidad.”(Cabral, 1994)

Pero después se vino todo aquello que nos aseguró que la eternidad no nos llenaba el estómago; los autores optaron por registrar sus canciones, necesitados de gloria y plata no dudaron en llevar de paseo al corrido por lugares poco explorados; llamemos a estos lugares casas discográficas, a partir de aquí el género va a experimentar un cambio total, no sólo en estructura y ejecución sino también en la temática; es esta la etapa que muchos, entre ellos el propio Vicente Mendoza (1954), consideran como la decadencia del género llamándolo vulgarmente “música de cantina”; yo me atrevo a formar parte del grupo que rechaza esta idea, porque los tiempos, como el corrido mismo, han cambiado; no se puede seguir escribiendo sobre las Guerras Cristeras cuando al otro lado de la calle se están reventando a tiros, la cucaracha, como ya lo vimos, sólo se canta, casi de manera obligada, en el jardín de niños y eso inocentemente.

Hoy basta con voltear la mirada hacia los niños y ver que visten muy a la West Coast, en algunos casos, y en otros parece que los pequeños salieron de una tienda de disfraces sinaloense . Nuestros héroes evidentemente ya no son los mismos; cambiamos a Valentín Mancera por cualquier capo que nos asegure protección; y, para no satanizar al norte, en distintos poblados de todo el país la gente se ha acostumbrado a la presencia de narcotraficantes que se pasean de aquí para allá sin dificultad alguna; así lo asegura Luis Astorga, investigador de la UNAM, en un documental realizado por Ignacio Palencia y dirigido por Patricia Ferreira para la RTVE (2011).

En el mismo documental aparecen distintas personalidades; entre ellas destacan el escritor Élmer Mendoza, Jorge Hernández líder de los Tigres del Norte y Mario Quintero vocalista de los Tucanes de Tijuana. Durante todo el rodaje, Mendoza aparece recordando distintas etapas de su vida en Culiacán; desde los tiempos de secundaria en los que tenía algunos compañeros hijos de narcotraficantes, hasta el momento en que necesitó de protección y permiso para subir a la Sierra de Badiraguato y entrevistarse con gente que no conoce México; pero ha visitado varios lugares del sur de Estados Unidos, gente que no esconde ni lo que siembra ni lo que hace para vivir; porque se ha convertido en algo cotidiano para todos ellos. Evidentemente México ha entrado en un nuevo conflicto armado provocado por una mala estrategia del sexenio anterior que es mejor no recordar; no sabemos a ciencia cierta quiénes son “los buenos” y quiénes “los malos” en esta guerra; el corrido, como siempre, eligió a los más entrones como blanco de sus composiciones, de ahí nace el narcocorrido que seguirá narrando los acontecimientos más importantes de una guerra, así como las hazañas de los personajes principales de la misma.

Del primer caso podemos destacar corridos como: Cien por Uno de los Tucanes de Tijuana; el cual narra la historia de un hombre apodado “El niño de oro” secuestrado en Colombia debido a deudas dejadas por su cuñado al morir; era él o su hermana. El patrón del secuestrado sabía del valor de este y precisó de su rescate; pactando así con los colombianos para que quedara libre. Obviamente, como en cualquier narcocorrido, tenía que haber dinero de por medio, incluso extraña la falta de balazos en esta canción. Del segundo caso, el de los “héroes”, forzosamente debemos traer a la mente al Jefe de jefes de los Tigres del Norte; si bien no sabemos exactamente de quién se está hablando podemos hacernos a la idea, sin asegurar nada, de que a quien se alude es a Amado Carrillo Fuentes, alias “El señor de los cielos”; narcotraficante propietario de una extensa flota aérea y una de submarinos que utilizaba para pasar droga sin ser detectado; insisto en que esta es una mera especulación hecha al escuchar las siguientes líneas: “Yo navego debajo del agua, y también se volar a la altura.

Muchos creen que me busca el gobierno, otros dicen que es pura mentira. Desde arriba no más me divierto, Pues me gusta que así se confundan.” Otra de las características adquiridas por el narcocorrido es que las canciones son hechas por encargo de los mismos capos; el compositor debe de hacer gala de su talento para exaltar las virtudes y hazañas del narcotraficante en cuestión, pero nunca debe revelar la identidad de este, en realidad son muy pocos son los jefes de la mafia que se arriesgan a exponer su nombre y acciones de una manera tan pública.

Podemos decir que los autores jamás inventan nada que no haya sido cierto, sólo lo disfrazan. Aunque en la crudeza tiene la esencia, el corrido dejó de formar parte del gusto colectivo en nuestro país. Pongamos que es cualquier noticia pero con música de fondo, pensemos que si las primeras planas de los periódicos no han sido del todo delicadas en cuanto a imágenes, el corrido no tiene porqué serlo en sus letras. Se ha pensado erróneamente que el narcocorrido ha sido el hincapié para que cada vez más personas se unan a la mafia, haciéndonos creer que quizá la prohibición de este sea la solución al problema de inseguridad que se está comiendo vivo al país.

 De esta preocupación, y a manera de protesta, Los Tigres del Norte lanzan en 2009 una canción titulada La Granja que, a manera de la ya mencionada Cucaracha, lanza una protesta en contra del gobierno de Vicente Fox y de la mal llamada “lucha contra el narcotráfico” iniciada en el Gobierno de Felipe Calderón. En dicha canción el país es representado como una granja donde un zorro desata todo un desastre al soltar a una perra que representa al narcotráfico; en la pieza encontramos también a los políticos representados como cerditos; al peso mexicano representado como maíz. Por esta “agresión” al honor y renombre del Estado Mexicano la canción fue prohibida .

Pero seamos sensatos y pensemos en que no se puede prohibir, de la noche a la mañana, un género literario que ha puesto un pedacito de México en oídos de todo el mundo . Después de todo podemos decir: el corrido sigue y seguirá vigente cumpliendo constantemente las reglas que él mismo se ha impuesto desde siempre; fungir como el informador del pueblo mexicano es algo que el corrido jamás dejará de hacer, sobre todo en tiempos de guerra y de angustia que en nuestro país parece no han cesado desde hace casi más de cien años.

 Referencias Cabral, Facundo (1994)
No soy de aquí (Grabado por Facundo Cabral y Alberto Cortez).
En Lo Cortez no quita lo Cabral (CD). México, EMI Capitol de México.
 Ferreira Patricia (director) (2011)
Todo el mundo es música: El corrido mexicano. Música y cuernos de chivo. RTVE.
 Mendoza Lemus, Gustavo. (2008) “Dicen que ‘La cucaracha’ se compuso en Monterrey”, en http://raizdelglifo.wordpress.com/2008/11/24/dicen-que-‘la-cucaracha’-se-compuso-en-monterrey/, consulta: 24 de febrero de 2013. Mendoza, Vicente T. (1954) El Corrido Mexicano, México, Fondo de Cultura Económica.

No hay comentarios: