miércoles, 29 de mayo de 2013

Doblándole el brazo al presidente

MIÉRCOLES, MAYO 29, 2013
 Todo empezó con el tremendo desafío que significaba que Ollanta Humala fuera unas horas a Venezuela a la juramentación de Maduro, para no decir nada, que fue interpretado como un tremendo gesto de chavismo de un presidente que no había cambiado nada. Luego siguió el asunto Repsol, donde el presidente pensó (y eso es lo peligroso) que el Estado podía participar de la compra de sus activos, lo que en sustancia quería decir que resucitaba la “Gran Transformación” y se alejaba de la Hoja de Ruta. La gente, por supuesto no entendía nada, y como lo muestran las encuestas para la mayoría este gobierno no había cambiado y si evolucionaba hacia algún lado era cada vez más a la derecha.
Pero los empresarios, los medios y los políticos de derecha insistían: aquí se había perdido la confianza, y como una novia despechada que retira su dote anunciaron que ya no habrían 15 mil millones de dólares en inversiones y el país sería echado del paraíso del crecimiento. La confianza lo explicaba todo: el débil crecimiento de marzo, la caída de las exportaciones, el retroceso de las bolsas y la demora de proyectos como Conga o Cañaris. El presidente entonces priorizó el shock de confianza y dejó plantado al presidente de Ecuador que juramentaba para un nuevo mandato, quitándole sentido precisamente a su anterior viaje a Caracas, adonde aseguró que iba porque era el presidente pro tempore de la UNASUR. Ahora a pesar del cargo le hacía un notorio desaire a Correa, pero ningún medio de la derecha festejó su alejamiento del chavismo. Lo importante era que estaba dando los primeros pasos para romper esa especie de empate que se produjo tras el fin del gabinete Valdés y la “paz social” que se ha mantenido desde hace casi un año. Ahora nuevamente hay vientos de fronda ya que muchos sectores están tomando nota que no era un asunto de viajes o de chavismo o de refinerías chatarras, sino de guillotinar la ley de consulta devolviendo a los pueblos indígenas a un escenario como el de Bagua; devaluar aún más los estudios de impacto ambiental para que salgan más rápido los proyectos, sin consideración seria al daño al entorno; facilitar inversiones mineras o de infraestructura en zonas de potencial arqueológico; etc. Si ese es el camino hacia la confianza, habrá que pensar cuánto más se le puede sacar a un presidente débil y desorientado con el mismo pretexto. ¿Y la confianza de sus electores?, ¿de las poblaciones afectadas por los proyectos? Parece que poco importa. Más aún: ¿cree el gobierno que no va a desatar otra ola de conflictos con las medidas que está aprobando?, ¿y en dónde va a quedar la confianza y su aprobación después de eso? Y tampoco es verdad que soltarán los 15 mil millones. Podemos apostarlo. 29.05.13
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