jueves, 9 de mayo de 2013

La derecha y la política internacional

Volviendo sobre los temas cotidianos descubro que nuestra derecha ha estado ocupada estos días en tratar de acrecentar su incidencia en política internacional. Ya pararon el tímido impulso desarrollista del gobierno que significaba interesarse en el fortalecimiento de Petroperú y ahora vienen por el vuelto en el tema diplomático.

 Varias páginas se han escrito para decir que ante las pequeñas crisis que se desataron en la relación con Ecuador y Venezuela y algunas destemplanzas de Correa y Maduro, a Humala le habrían faltado pantalones para responderles de igual a igual. Asimismo que si nos quedábamos sin delegación a nivel de embajadores con estos dos países mala suerte, pero ahí teníamos la Alianza del Pacífico con Chile, Colombia y México para atrincherarnos con el resto de la derecha latinoamericana bajo la sombra de los Estados Unidos.

 Curiosamente ese rasgo de debilidad del presidente peruano que tanto preocupa a Lourdes Alcorta, Vásquez Kunze y a los editorialistas de El Comercio, no parece incomodarlos cuando se trata de política interna. O ¿acaso no es cierto que en estos dos años de gobierno el país se ha manejado con la voz alta de los medios, los gremios empresariales y la derecha congresal, para imponerle al presidente la agenda, y que eso ha sido respondido siempre con silencios y evasivas, para finalmente terminar cediendo a las presiones?

 Desde la imposición de Velarde y Castilla, hasta el fracaso reciente de la tentativa de comprar la refinería La Pampilla, pasando por los casos Alexis y Antauro, el manejo del problema Conga y decenas de asuntos similares, la línea del gobierno ha sido afectada por una derecha que perdió las elecciones pero nunca el poder. Entonces no debería extrañar a nadie que Ollanta evite las confrontaciones afuera y adentro. Después de todo esa fue la esencia del cambio de imagen con que ingresó a la primera vuelta de 2011, mucho antes de que también lo obligaran a la Hoja de Ruta.

 A la derecha le incomoda que luego de haber domesticado al rebelde de Locumba, Andahuaylas y las elecciones del 2006, no pueda hacer de él un instrumento eficaz de represión contra los movimientos sociales, lo que casi se logra con el gabinete Valdés, y tampoco consiga alinearlo totalmente en la disputa geopolítica que se desarrolla en el subcontinente.

 Es evidente que los gobiernos de la izquierda latinoamericana tienen desconfianzas hacia la conducción de Lima, que es coincidentemente la que ejerce la presidencia pro témpore de UNASUR, y esa incertidumbre de no saber hasta dónde puede llegar el Perú puede explicar algo de los últimos excesos verbales, luego corregidos, seguramente por conciencia de que más se perdía zamaqueando a Humala en un contexto en que se está jugando una fuerte ofensiva imperial contra el progresismo tras la muerte de Hugo Chávez. 09.05.13 www.rwiener.blogspot.com

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