lunes, 24 de junio de 2013

La historia según Humala


La historia según Humala
Los empresarios no lo conocían, por eso temían por lo que pudiese hacer en el gobierno. Los izquierdistas sí lo conocían pero no aguantaron seis meses en el gobierno. Los movimientos sociales que estaban a su lado se molestaron porque no les dieron cuotas de poder, o por razón ideológica o por impaciencia. Este es el apretado resumen de lo que el presidente Ollanta Humala le respondió al periodista Javier Moreno del diario El País de España en una entrevista publicada en Lima el día de ayer. Casi como decir que todos estaban confundidos con el hombre. Imaginándolo el radical que no era. Obviando la gran cuestión de que cuando uno es elegido lo es para gobernar para 30 millones de peruanos, entre ellos los que no votaron por él. Extraña reflexión, porque de los 30 millones, los miembros del poder económico con los que desayuna y a los que trata hasta ahora de bajarles la desconfianza, sin mucho éxito, deben ser una minúscula porción.
La frase del presidente sobre que los recelos continuarán, expresa la idea de que nunca llegará a ser estimado como lo eran Fujimori, Toledo o García. Pero, la verdad es que lo más sorprendente de Humala es que diga que la izquierda que lo acompañó por años y lo ayudó a ganar las elecciones, tendría que haberse aguantado aún más de lo que lo hizo en un gobierno que buscaba el apoyo de empresarios y tecnócratas que habían sido sus adversarios y que expresaban una propuesta totalmente distinta a la que se llevó a las elecciones. Eso es el equivalente a decir que por el hecho de estar en posiciones de poder, la izquierda debería haber puesto a un lado sus principios. Peor aún, haber aceptado que algunos ministros (Economía, Interior, entre otros), conspirasen con el presidente contra el primer ministro y algunos ministros sociales, o que la bancada del Congreso recibiese directivas sin lugar a debate. Si todo eso voló por los aires fue porque Humala así lo quería y de ahí que al día siguiente tuvo a Valdés de premier represivo y a Castilla controlando más de un tercio del gabinete. Esas fueron decisiones suyas y no de la izquierda que efectivamente quedó fuera del gobierno. Pero lo más grave fue el reemplazo de los movimientos organizados, por una clientela de pobres beneficiarios de programas sociales, como si de eso se tratara la transformación. Ollanta redibujó su propuesta de una alianza popular-nacional para anchar la democracia y generar redistribución social, a un trato con el poder económico que le libere algunos recursos para hacer programas de pobres que hasta ahora tienen una cobertura muy limitada. Esto ha abierto una brecha profunda con las organizaciones populares, cuyas consecuencias ya se verificaron en el primer semestre del año pasado, y habría que tener presente ahora que las nubes de conflicto vuelven a cargarse en el horizonte. 24.06.13 www.rwiener.blogspot.com

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