lunes, 24 de junio de 2013

Toledo el personaje

 Toledo tiene razón cuando dice que no tiene las manos manchadas de sangre y que cuando hubo la posibilidad de un choque frontal contra los arequipeños, que su ministro Rospigliosi alentaba, retrocedió demostrando que no era imposible desandar una privatización comenzada si es que no había forma de convencer a la población para seguir adelante. Tuvo la tentación, es cierto, de convertir el andahuaylazo de Antauro Humala, en su casa de los rehenes, y para eso envío al general Williams que fue el responsable del intento de ataque a la comisaría donde estaban atrincherados los rebeldes, que derivó en la muerte de policías en un tiroteo confuso que parecía buscar algunos cadáveres para justificar una masacre. Pero aún así, se detuvo a tiempo y no tuvo ni su baguazo, ni sus penales. Lo único malo es que Toledo hace recordar que no fue un gran represor como otros presidentes, para iniciar una intervención en la que debe dar cuenta de una operación tan enredada como su propia vida, a partir de la cual una anciana que reside en un piso de clase media baja en Bélgica, es ahora propietaria de una inmensa mansión en las Casuarinas, de unas oficinas de lujo en San Isidro y de dos cocheras, todas los cuales parece que no van a llegar a ser vistos siquiera por su propietaria.
Toledo no tiene las manos con sangre y sobre su gobierno la gente no guardaba una memoria fuerte de corrupción (a pesar de todos los arreglos oscuros de PPK), pero de pronto se ha hecho incapaz de explicar de dónde salieron 5 millones de dólares para las compras inmobiliarias; cómo fue que la señora Fernenbug se hizo inversionista; cuál ha sido el real papel de Joseph Maiman que figura como avalista, pero está perseguido en Israel por malas deudas; por qué Toledo y Eliane Karp aparecen en varias etapas de las transacciones; etc. Casi todo el país piensa que es corrupción y hasta los más ardientes defensores de Toledo, admiten que no han terminado de entender a su líder. Pero quizás lo más curioso de esta historia es que la conducta normal del corrupto es llevarse la plata del país y esconderla a nombre de testaferros que no puedan ser relacionados directamente con el bandido. El “cholo de Harvard” ha seguido la ruta al revés, trayendo un dinero que nadie hubiera podido creer que estaba a su alcance, colocándolo a nombre de alguien de su familia. ¿Cómo se explica algo como esto? No se lo permito En la frase que mencionamos al inicio hay de todos modos una dosis importante de soberbia, con la que le está diciendo a los fujimoristas y apristas, sus principales adversarios, que ellos sí están marcados por diversos crímenes. Pero en la medida en que el laberinto de sus afirmaciones y autodesmentidos lo ha ido acorralando, Toledo ha invitado a los que si tienen las manos manchadas de sangre y corrupción, a que olvidemos el pasado y volvamos a abrazarnos. Y, por supuesto, esto ha sido como una orden de fusilamiento. Acabó el Toledo “salvador de la democracia”, y quedó en la cancha uno que está pidiendo que lo perdonen por sus olvidos y mentiras. Es como cuando descubrió en abril del 2000, que no iba a ser el constructor del segundo piso fujimorista sino el líder del movimiento para sacar al re-reeleccionista del poder. De inmediato se adaptó a la situación y se colocó en la frente una vincha de batalla que conservó por varios meses. Ahora está de regreso de ese personaje, tanteando uno conciliador, dispuesto a perdonar si es que lo perdonan. Y a ese le está yendo pésimo. La fórmula famosa de “no se lo permito”, que también usaba en los días del secuestro del Melody y más tarde en el caso Zaraí, con la que Toledo exige que se respete el valor de su palabra, es típica del drama de credibilidad que lo rodea. Sabe que no convence pero pretende tener alguna autoridad para prohibir las dudas. Por supuesto que al final tiene que permitir que lo hagan leña apenas todo el mundo entiende que no tiene cómo defenderse. Una muerte política Las posibilidades de que se pueda demostrar la ilegalidad de los dineros usados por la suegra de Toledo son limitadas. Va a quedar siempre una interrogante feroz acerca del origen de esta fortuna hasta ahora desperdiciada en inmuebles que nadie ocupa. Algunas hipótesis que se barajan apuntan a que el mecanismo utilizado podría ser una modalidad de blanqueo de dinero del Maiman que este no quiere admitir como propio. Los Toledo habrían querido ayudar al amigo que tanto los apoyó actuando como testaferros de sus últimos millones. Otra especulación va por el lado de que estos podrían ser dineros recaudados en campaña electoral y no devueltos, lo que podría venir desde fecha tan lejana como el año 2000, cuando se habló que Toledo se quedó con la mayor parte del aporte de Soros para los Cuatro Suyos. Finalmente hay quienes dicen que el “cholo” puede haber justado esa plata de diversas formas, pero que el objeto de poner a la suegra en primer plano sería para convertir a Eliane y Chantall, en las herederas universales de los bienes. Lo malo para Toledo es que no existe una hipótesis sobre un acto de buena fe detrás de esta estrambótica compra. No hay manera de darle lógica a la idea de la señora Eva llenándose de propiedades en un país lejano a la edad de 86 años; de bancos y financias sosteniendo este proyecto; y del distraído yerno que no supuso que esto terminaría en un aniquilador escándalo político. Puede Toledo hablar de sus manos, su conciencia y sus sueños políticos, pero no se va a quitar la imagen de un hombre metido en cosas turbias, mientras los peruanos tenemos los problemas que tenemos. Eso nadie se lo va a perdonar.
Ni por los viejos tiempos. 23.06.13
www.rwiener.blogspot.com

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