jueves, 8 de agosto de 2013

Enredo de Huántar-Perú

 La operación Chavín de Huántar de abril de 1997, marcó el top de la popularidad de la dupla Fujimori-Montesinos, elevándolos encima del 80% en las encuestas, más arriba de lo que significó la captura de Guzmán en septiembre de 1992 y el golpe de Estado de ese mismo año.

 Pero también adquirió la categoría de trofeo para las Fuerzas Armadas. Se trataba de la primera victoria neta en una batalla entre militares y subversivos, aún cuando la proporción fuese de 12 a 1. Además tenía el elemento humanitario de liberar a los secuestrados después de cuatro meses de encierro, sin discutir la calidad humana de algunos de los encerrados. El concepto de que la victoria sobre Sendero había sido principalmente policial y de inteligencia, quedaba relativizado y nadie entraba al tema de lo que era el MRTA en los años 96-97.

 Pero lo que ocurrió en Chavín de Huántar fue que no hubo sobrevivientes de la parte de los secuestradores, a pesar de que reamente casi no hubo combate, y varios testigos señalaron que por lo menos uno (tal vez tres) de los emerretistas fue capturado vivo y después ejecutado. Los peritajes técnicos realizados años después confirmaron que la muerte de “Tito” se produjo a corta distancia y por la espalda. Una sombra ominosa cayó sobre el éxito aparentemente limpio de los comandos de la casa del embajador. Y como en democracia es más difícil decir que no interesa la vida de un terrorista rendido, el tema se judicializó y se polarizó políticamente.
La discusión por supuesto se convirtió en sólo aparentemente técnica. En un lado se decía que cualquier insinuación de actos ilegales alrededor de Chavín de Huántar era atacar a los comandos (a los que les debíamos tanto…) y que había que zanjar esto con la fórmula; no hubo ejecuciones, sino campaña comunista de desprestigio. En otro lado, se afirmaba que se debía separar a los comandos de los ejecutores de los rendidos, que seguramente eran del SIN bajo órdenes de Montesinos. Ahí surgió esa denominación de “gallinazos”, que más o menos quería decir que se trataba de gente ajena, que vino a ensuciar una justa lucha. El problema es que Montesinos, Hermoza, Huamán y Zamudio, sí fueron parte de la operación como lo verifican todas las fotografías y videos. Y para que hubiesen podido actuar con un grupo paralelo encargado de las ejecuciones, requerían que algún jefe de los comandos les entregara a los prisioneros. En el audio de San Martín, Jiménez y otros, se percibe que ha una necesidad política del gobierno de cerrar el caso en la posición de que no hubo ejecuciones. Pero los jueces niegan que eso sea posible y ofrecen la fórmula de que fue un crimen sin criminales. Todos piensan que Montesinos y sus amigos eran de lo peor, pero que mejor dejarlos fuera para no complicar más las cosas. 08.08.13 www.rwiener.blogspot.com

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