sábado, 14 de septiembre de 2013

Cuarenta años

Tengo la imagen como grabada para siempre. Serían las 9 de la mañana cuando caminaba rápido por la avenida 28 de julio casi en el cruce con Petit Thouars, y me dirigía al llamado Edificio Cosmana, donde trabajaba en el Plan Nacional de Desarrollo Urbano del ministerio de Vivienda, una de las novedades que había traído el gobierno militar de la época para plantearse el desarrollo equilibrado de las ciudades del país y contrarrestar el centralismo, lo que obviamente no dio resultado, y entonces vi al vendedor de diarios agitando una edición extraordinaria de Ultima Hora, el diario popular del grupo La Prensa, con un titular que decía: Golpe en Chile. No era una gran sorpresa porque unos meses antes, en junio de ese año 1973, había habido una intentona conocida como tancazo que anunciaba que sectores militares y de derecha venían coordinando para sacar del poder al presidente Allende y romper de paso la trayectoria institucional chilena que era un timbre de orgullo de su población.
Si fue en ese país en que se habló por primera vez de revolución en democracia y del socialismo por la vía de las elecciones, era por esa creencia arraigada de que cualquiera fuera el tamaño de las crisis y las divergencias entre las fuerzas políticas, el modo de dirimirlas sería a través de las reglas de la democracia, y que todos, incluidos por supuesto las Fuerzas Armadas respetarían el principio. Pero algo me dijo que estábamos ante un hecho definitivo que cambiaba la historia. Llegué al tercer piso, donde me encontré con mis compañeros de trabajo y todos comentaban lo que estaba ocurriendo en esos momentos. Se hablaba de enfrentamientos y movilizaciones. Pero entonces caí en la cuenta que Última Hora había informado del golpe a partir de los primeros pronunciamientos de las unidades militares. En esos instantes en que empezaba mi día de labores estaba corriendo el ultimátum para que el presidente abandonara la Casa de la Moneda antes de desatar el ataque por aire y tierra. Sin duda, carecíamos de información suficiente para saber que la batalla estaba perdida y que Allende había decidido sacrificarse para que el mundo entendiera la dimensión de la traición y la tragedia. En la noche éramos una multitud enardecida en la Plaza Dos de Mayo frente al local de la CGTP. Gritábamos, llorábamos, cantábamos acompañando a los parlantes que transmitían los himnos de la Unidad Popular y cada cierto rato se oían informaciones que nos decían que estaba pasando al otro lado de la frontera. Recuerdo muy vivamente que el que hablaba anunció que divisiones militares y destacamentos de obreros y campesinos marchaban sobre Santiago dirigidos por el general Pratts. Aplaudimos entusiasmados. Pero era una ilusión, en esos mismos momentos los soldados de la dictadura registraban las casas y buscaban a los dirigentes de izquierda para matarlos. Había empezado una larga noche, que dejó una honda huella, hasta ahora. 14.09.13 www.rwiener.blogspot.com

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