viernes, 27 de septiembre de 2013

El paro y el diálogo fallido

La conclusión cae de su peso: a unos cuantos días de la finalización del diálogo que según ha señalado el gobierno ha servido nada menos que para establecer una agenda nacional que deberá trabajarse con los técnicos de los partidos, el país real ha puesto de manifiesto que no cree que por allí hay una vía de solución a sus problemas. Las provincias que paralizaron sus labores, las marchas que recorrieron el país y que tuvieron su cota más alta en la de la capital, eran la expresión de un descontento profundo que ya no cree en maniobras políticas y que está exigiendo soluciones inmediatas. Un gobierno al que la derecha económica y mediática trata de dirigir a golpes, se expone por supuesto a que del otro lado se le presione con los medios sindicales y de masas que les son propios. Al final de cuentas el gobierno que Humala había ofrecido en campaña era uno que traería paz social por la supuesta cercanía del presidente con los movimientos sociales a los que podría canalizar a través de un trato directo y un compromiso por el desarrollo y la justicia social.
Esto nunca existió y lo que parece más bien que está resultando es un gobierno inestable y débil, que no satisface a ningún lado. Si el diálogo hubiese sido hecho con propuestas en la mano que pudiesen hacer ver alguna tendencia de cambio, es posible que el gobierno hubiera conseguido algo más que unas cuantas semanas de distracción política. Pero la señal que ha recibido el país después de la serie de reuniones y declaraciones del premier y los distintos partidos, es que el gobierno se hace más prominero de lo que ya era y viaja a Arequipa a darles todas las seguridades a los empresarios, mayormente extranjeros, que dominan este sector. Este es el único diálogo real, en la percepción más extendida de la gente. Ergo, no hay mucho que pensar sobre cómo están ordenadas las cosas en el país y que la inclusión social, el Perú progreso para todos, y otros lemas por el estilo no dicen otra cosa de que seguimos siendo lo mismo de antes. En estas condiciones el mejor organizador de paros y movilizaciones es el propio Ollanta Humala, que suscita una especial irritación entre muchísimas personas que se sienten burladas por sus discursos electorales. El premier Jiménez, por supuesto, puede molestarse porque su cuidado andamiaje al que ha dedicado 40 horas sucesivas de su valioso tiempo (según informe de la PCM), se difumina en el aire como si no tuviera de donde sostenerse. Pero quizás la vía que se abra casi de inmediato vaya a ser tratar de hacer pasar al movimiento sindical por el mismo aro que se ha hecho pasar a los partidos. Otro diálogo para otra nueva agenda. Mientras la agenda neoliberal sigue adelante. 27.09.13 www.rwiener.blogspot.com

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