miércoles, 11 de septiembre de 2013

En la derecha, atacado por la derecha

 Ollanta Humala dirige un gobierno que es una continuidad de las políticas que se han desarrollado en el Perú en los últimos 23 años. Un hilo básico lo conecta con Fujimori, Toledo y García, y ese es el de la persistencia de un modelo económico en cuyo eje está la definición del papel del Estado como un facilitador de ventajas, oportunidades y recursos para que el capital privado se encargue de mantener el crecimiento, en función a sus intereses y a las tasas de rendimiento. Este es un proyecto netamente de derecha, no importa si la justificación es ideológica (libertad económica) o pragmática (es lo que funciona), o si se le añaden programas sociales para pobres. Finalmente la traición de Ollanta Humala a sus ofertas electorales y al pueblo que le creyó, tiene que ver con haberse puesto a la cabeza del Estado con un voto popular, provinciano y cargado de esperanzas, y no haber intentado siquiera usar ese instrumento para que las mayorías logren una voz más fuerte frente a los grupos dominantes que se sienten dueños del país.
Ollanta está en la derecha, pero los empresarios, los medios de comunicación, los partidos del sistema no lo consideran uno de los suyos. Está en lo que ellos quieren y cada vez es menor su temor de que se pueda apartar del libreto, pero no le otorgan su confianza como sí se la dieron a sus predecesores. ¿Cuál es la explicación para los editoriales de Du Bois que han marcado al presidente como sometido a la esposa, hermano de corruptos y asesinos, reclutador de narcos para el Congreso, pensador errático en compras e inversiones petroleras, amigo de chavistas, incapaz de producir la “confianza” que le piden a gritos los empresarios, etc., si Ollanta tiene a Castilla y Velarde manejando la economía y sigue cediendo cuando le exigen leyes proinversión? Y no es el único, por supuesto. Ahora además, el mismo Fritz va a pasar a la dirección de El Comercio, en franco reconocimiento a sus servicios por haber logrado que el presidente que asustaba a la derecha termine asustado de ella. Este es por cierto el punto clave. A Ollanta se le ha podido derechizar fácilmente, pero todavía no está saldada su responsabilidad anterior que es la de haberse atrevido a recurrir a la movilización de los marginados y afectados del modelo económico y social imperante para abrirse paso hacia el poder. Para los estrategas del sistema este un riesgo mayor que no puede volver a repetirse. Por eso Humala puede seguir gobernando porque no hay otro remedio, pero lo va a hacer humillándose, pidiéndole a sus viejos enemigos que le perdonen la vida. Usando el poder empresarial, mediático y tecnocrático, la derecha ha hecho un fantasma del otrora rebelde contestatario. Y la gente que se movilizó a su lado y creyó en un victoria posible sobre los poderes dominantes, está recibiendo el mensaje de que el cambio es una utopía imposible. En otras palabras que la política tiene ganadores invariables y que la lección debe ser aprendida. A Ollanta le hicieron creer que el crecimiento económico y algunos programas sociales focalizados en pueblos muy pobres y muy pequeños era suficiente para caminar sobre el 50% de aprobación y que los que le criticaban el abandono de sus promesas no sabían cómo es que se gobierna. Pero de pronto empezó a ver que sin haber cambiado su rumbo, el esquema se le caía de las manos y de más de 50 bajó a menos de treinta en muy pocos meses y lo que es peor cada vez que hizo el intento de ceder para recuperar espacio, aumentó el desgaste y los números se hicieron más crueles. La derecha dijo que ya está casi listo. Y preparó un nuevo apaleo. Después de todo no hay cosa más simpática que tener un gobierno de derecha y decir que la derecha no es la que gobierna. 11.09.13 Columna de Wiener Revista Miércoles de Política Nº 11 __._,_.___

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