martes, 22 de octubre de 2013

EL FALSO ESPEJISMO QUE PRETENDEN VENDERNOS LOS DEFENSORES DEL STATU QUO, EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

 Enrique M. Jaramillo García
 ejaramillogarcía@hotmail.com
 “Estamos condenados a hacer camino caminando,
 no pocas veces en medio de una noche oscura,
 sin ver claramente la dirección
 y sin poder identificar los obstáculos”.
 Leonardo Boff 
 No podemos dejar de expresar nuestra indignación, ante la ofensiva mediática que cotidianamente los grupos de poder económico, con la complicidad de la clase política, y el agrupamiento uniformizado de casi todos los medios de comunicación televisiva, radial y escrita, pretenden vendernos el falso espejismo, de que nuestro país atraviesa por uno de sus mejores momentos de crecimiento económico, que nos está llevando a todos los peruanos al progreso, bienestar y felicidad.

 Nada más falso y cínico de estos mensajes subliminales que diariamente nos inoculan con una prensa uniformada, que solo tiene como objetivo mantener el statu quo. Es decir, que nada cambie, para que todo siga igual, en un país atravesado por inmensas brechas de desigualdad, pobreza, exclusión; y más aún carcomido por la corrupción y la impunidad, mientras las primeras víctimas de esta situación son las mujeres, niños, niñas y adolescentes. Es indudable que la vitalidad de la economía peruana, hoy en día solo beneficia a pequeñas élites privilegiadas, que son usufructuarias de los beneficios de una economía primario exportadora, que de por sí es excluyente y, nos está llevando al borde de la conflictividad y fragmentación social, a lo largo y ancho de nuestro país. La intriga proviene de los cambios acelerados de la sociedad peruana. ¿Cómo callar que cada vez más en barrios enteros y ciudades intermedias como Huancayo aumenta la violencia e inseguridad ciudadana? ¿De qué manera podemos erradicar la corrupción y a los corruptos de toda laya, que han hecho del ejercicio de la política profesional un modo de vida muelle? ¿De qué inclusión social nos hablan los gobernantes mentirosos y los “dueños” del Perú, que como bien dice Efraín Gonzales de Olarte, con una persistente desigualdad que proviene de la escasa relación entre la productividad y los ingresos de los trabajadores, “de ahí que el PBI per cápita haya crecido 64% mientras que las remuneraciones solo en 22% durante los últimos años? La asimetría existente hoy en día, es una de las principales causas de la desigualdad, claro que estas cuestiones no nos dicen, los patronos y sus escribas agrupados en la CONFIEP, quienes son los que cortan el jamón; además de proponer las políticas económicas, nombrar y vetar ministros ante la complacencia de un Presidente que nos distrae con el cuento de la inclusión social, mientras al modelo económico neoliberal que causa exclusión y desigualdad no lo toca ni con el pétalo de una rosa. No nos hagamos ilusiones, con la monserga de la inclusión social. Al respecto, debemos preguntarnos permanentemente, ¿cómo es que un país tan rico vive en medio de la desigualdad y tanta pobreza?, ¿qué somos en realidad los peruanos y por qué somos así de conformistas y acríticos?, ¿hasta cuando soportaremos a los corruptos y corruptores en las altas esferas del poder? El crecimiento económico que hoy se vive en el Perú debe no solo estimular las candideces de una pequeña élite privilegiada. Debería dar lugar sobre todo a un Estado más racional, que nos proteja socialmente, que sea más eficiente y menos corrupto; y más democrático con una equitativa redistribución de la riqueza. Entonces, no podemos dejarnos encandilar, por el falso espejismo de la inclusión social; y más aún, porque como decía Wallerstein, estamos viviendo en un período de incertidumbre. Ante esta situación que vive el Perú, quiero recordar, un desafiante artículo cuyo título es “Gotea para abajo, diluvia para arriba”, de Pedro Francke (2003) conocido economista y prestigioso analista político, quien nos plantea las siguientes preguntas: “¿Cuánto ha mejorado el ingreso de los pobres?, ¿de cuánto dinero adicional en los bolsillos de los pobres estamos hablando, ahora que el gobierno se vanagloria de una “gran” reducción de la pobreza?” Su respuesta tiene un tono por demás sombrío y apocalíptico: “En los últimos tres años los pobres solo han logrado una mejora de 21 soles mensuales, menos de 75 centavos diarios. Esto es lo que dicen las mismas cifras oficiales que sustentan esta reducción de la pobreza que tanto dio que hablar (“La pobreza en el Perú 2007”, Informe Técnico INEI, -Cuadro 4, pág. 30). A este ritmo para mejorar su “diario” en apenas 10 soles, los peruanos pobres deberán esperar cuarenta años ¡hasta el 2048! Un joven pobre, de 25 años, que hoy trabaja arduamente para ganarse la vida, recién cuando tenga 65 años de edad, podrá disponer 10 soles diarios más que ahora”. (Francke, Pedro, 2003). Lamentablemente, si este modelo económico en curso no es modificado radicalmente, como bien nos dice Loerando Boff, estamos condenados a hacer camino caminando, no pocas veces en medio de la noche oscura, sin ver claramente la dirección y sin poder identificar los obstáculos. Entonces, es necesario recordar que la preocupación por la desigualdad y la pobreza no es solo un tema importante para la Teología de la Liberación y para los que recusamos el modelo económico neoliberal; si no que se trata de un cuestión ética que debe ocupar nuestros sueños e ilusiones para denunciar sin ambages que la pobreza y la exclusión son expresiones de la injusticia social reinantes en nuestros país, en los albores del siglo XXI. Si este falso espejismo triunfa, ¿dónde dormirán los niños pobres del Perú? Lima, 10 de octubre de 2013.

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