viernes, 4 de octubre de 2013

En Pichari me quedo (contra el aeródromo militar)

 “Cuando una ley es injusta,
 lo correcto es desobedecer”
 Mahatma Gandhi 
 Me encuentro en Pichari, Cuzco. Fui invitado gentil y nuevamente por los dirigentes que se encuentran luchando contra el aeródromo militar que se pretende construir sobre 470 hectáreas de cultivos de cacao, frutas y vegetales de la Comunidad de Otari Colonos y que desplazaría a más de 100 familias de darse el despropósito. Aeródromo que será construido por una empresa norteamericana en el contexto del ingreso cada vez más continuo y numeroso de tropas de ese país al nuestro, alentada por el nada nacionalista presidente de la república y aprobado por esa banda de analfabetos funcionales y corruptos sin vergüenza del congreso. En el marco también de la llamada guerra contra el narcotrafico, que pretende este año erradicar 1,300 hectáreas de plantaciones de hoja de coca a los pequeños productores. Las comunidades de Colonos, ashánincas y demás pueblos que se verán afectados, además de los que serían directamente desplazados, se reunieron en el mes de abril y su respuesta ante este proyecto hecho a espaldas a la población, a la que se le pretendía mentir diciendo por un lado que no se realizaría la construcción del aeródromo militar y por otro lado diciendo que sería de carácter comercial, fue de contundente rechazo. A pesar de esta resolución popular, de la que son conocedoras las autoridades local, regional y central, se aprobó la ley 30025 (presentada por el ejecutivo y aprobada por el legislativo) que pretende expropiar los terrenos de dicha comunidad.
Y desde luego, si no es por los dirigentes de la zona, la población no estaría enterada de la aprobación de dicha ley y del peligro que corren oficialmente sus terrenos. Y la indignación es grande y el rechazo mucho más radical. Este sábado 5 de octubre se celebrara una asamblea general de las comunidades y organizaciones de base de esta parte del VRAEM, para ratificar el rechazo a la construcción del aeródromo militar, que es una bonita manera de llamar a la futura base militar norteamericana. Expropiar los terrenos de una comunidad que hizo durante más de medio siglo de estas tierras terrenos cultivables sin un centavo de ayuda estatal, que pacifico la zona para luego ser abandonada a su suerte por todos los gobiernos, que está compuesta por Comités de Autodefensa que están armados y que no van a salir más que por la fuerza, generara solo violencia. Tierras pobladas por ashánincas que han dicho que sus flechas estarán apuntando a quien ose ingrese a sus terrenos sin su consentimiento. La gente de este pueblo tiene sus raíces aquí y no pretende, muchos de ellos ancianos, comenzar de nuevo en ningún otro lugar. Y mucho menos entregar sus terrenos para ejecutar un proyecto que violenta nuestra soberanía y busca una salida militar a los problemas sociales, económicos y políticos de la zona. Si se siembra coca, es por la inexistencia de una política agraria que defienda al campesinado y frene el ingreso de productos subsidiados de los países con los que absurdamente hemos firmado Tratados de Libre Comercio. La política de erradicación para acabar con la producción de cocaína impulsada por los EEUU ha fracasado en el Perú. Cada año se erradica a pequeños campesinos que quieren empadronarse y esperan una política agraria que le brinde mercados para cambiar de cultivos. Y sin embargo los cultivos de coca crecen en zonas de intocables, donde solo pueden sembrar verdaderos narcotraficantes, que traen toneladas de insumos químicos a vista, paciencia y coima de las autoridades civiles, policiales y militares. Y ahí tenemos los resultados: somos el mayor productor de cocaína a nivel mundial. Pero a pesar de estos catastróficos resultados, se nos pretende hacer creer que a más militarización menos producción de drogas. Y detrás de esa propaganda, que cada vez engaña a menos, se oculta el verdadero propósito. El gobierno tiene lotizado y concesionado más de 22 millones de hectáreas, el 75% de la amazonia y gran parte del mar peruano. Y necesitan despoblar esas zonas lo más rápido posible. Y saben que ya por las buenas nadie saldrá de su territorio para saciar la voracidad de las trasnacionales mineras y de hidrocarburos, que traen contaminación, desolación, explotación y saqueo. Así que la vieja táctica de satanizar para luego agredir a los pueblos sigue en marcha. Si Bagua estaba conformada por ciudadanos de segunda y Cajamarca azuzada por curas rojos, aquí en el Vraem el argumento es el narcoterrorismo y por lo tanto el nivel de represión debe ser más organizado y más brutal. Aquí se exige dialogo con el gobierno y respeto a la decisión que la población ya tomo. Se rechaza la violencia, y al mismo tiempo se defenderá con todo lo que esté al alcance los territorios si es que vienen a quitárselos. Es por todo eso que he decidido aceptar la invitación de los dirigentes de la zona y quedarme por un mes aquí en la zona. Lo que iba a ser una estadía de una semana para visitar algunas comunidades y exponer en la asamblea de los pueblos, se convertirá en un mes de replicar lo que venimos haciendo y de paso, conducir el programa de radio de la comunidad, cuya señal comienza a ser boicoteada por la radio del cuartel militar e impide nuestra llegada a algunas zonas. En este mes de octubre, mes del paso a la eternidad del Che Guevara, quiero cumplir con aquella obligación que él nos señaló: “No se trata de desear éxitos al agredido, se trata de correr su misma suerte: acompañarlo a la victoria o a la muerte” Hasta la Victoria Siempre Guillermo Bermejo Rojas

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