lunes, 25 de noviembre de 2013

CLARO, “EL ‘CHORREO’ ES ABSURDO E INMORAL”, PERO LOS GOBERNANTES HACEN MÁS DE LO MISMO




Enrique M. Jaramillo García

“Hoy la humanidad está muy cansada de las propuestas y los llamamientos éticos. Estamos en gran parte desmoralizados, y por eso no nos entusiasmamos. Y sin entusiasmo no hay cambios ni atrevimiento para abordar prácticas innovadoras”.
Leonardo Boff
¿Cómo entender los discursos y poses demagógicas y engañosas de los gobernantes en nuestro país? En efecto, en estos últimos días acabamos de escuchar, al Señor Presidente de la República, decirnos que: “El ‘chorreo’ es absurdo e inmoral”. Efectivamente, no podemos negar, que esta situación, no sólo es absurdo e inmoral, sino que es inhumano e indolente, porque a pesar del ‘éxito’ del modelo económico peruano en curso, la realidad nos demuestra que seguimos siendo un país primario exportador de materias primas,  desindustrializado; arrasada por la violencia y pauperizada, donde cada lustro los no elegidos se fortalecen hasta la obesidad y los elegidos se debilitan hasta ser sometidos a los designios de los que defienden la política del ‘chorreo’ para convertir a los peruanos, en menesterosos felices y agradecidos al caudillo de turno.

 Si hacemos memoria, de los hechos ocurridos en la vida política peruana, en estos últimos veintitrés años, podemos constatar  que los caudillos de turno, que han ejercido el patrón del poder del Estado, en las campañas electorales prometieron al pueblo peruano, desarrollo,  prosperidad y felicidad, pero una vez elegidos hicieron todo lo contrario y más de lo mismo. Es decir,  se dedicaron a aplicar el ‘chorreo’ para aliviar la situación de desigualdad y pobreza en la que actualmente vive el 30% de peruanos; y en el caso de los niños, niñas y adolescentes  el 45%  (INEI-UNICEF, 2011). ¡Esta es nuestra triste realidad!, digan lo que digan los defensores del canto de sirena del modelo neoliberal.
Entonces, ¿cómo olvidar tan fácilmente las falsas promesas, de estos caudillos mentirosos, encima corruptos? En nuestra memoria histórica todavía están muy frescas, las promesas del fujimorismo el año 1990, cuando nos ofrecía honradez, tecnología  y trabajo;  que  después de una década de gobierno, nos  terminó de enfangar en un profundo pozo de corrupción, violación de derechos humanos, de clientelaje político y populismo chabacano en su máxima expresión. Luego de la caída de uno de los regímenes más corruptos de la historia del Perú, el año 2001,  llega al gobierno el “cholo sano y sagrado”, prometiendo un  gobierno para “Todas las sangres”. Sin embargo, hizo más de lo mismo, en menor o mayor medida. Después, el año 2006, ante la emergencia de un candidato “chavista” y “antisistema”,  se hace nuevamente del  gobierno, uno de los caudillos más expertos en vender sueños e ilusiones. Me refiero, a aquel personaje que llevó al abismo social y económico al Perú, durante su desastroso y corrupto primer gobierno del período 1985-1900. Este caudillo profesional, después de haber logrado la impunidad de todos sus latrocinios, como por ejemplo la masacre de los penales, nuevamente aparece maquillado y edulcorado  ofreciéndonos  el “cambio responsable” y el “pacto social”, pero en los hechos se dedicó a subastar al país al mejor postor, con su propuesta del  Perro del Hortelano, y la  idea de que “la plata llega sola”.
Caso aparte de mencionar, es el del Comandante de Locumba, que después de ofrecer al pueblo peruano  la gran transformación,  la economía nacional de mercado y la revolución educativa, actualmente viene haciendo más de lo mismo,  a pesar de sus declaraciones demagógicas de que “El ‘chorreo’ es absurdo e inmoral”. Pobre Perú, más que caudillos tiene una casta privilegiada, encima cínica,  hipócrita y corrupta a quienes no les interesa el presente y el futuro de nuestros niños, niñas y adolescentes que sobreviven en inmensos archipiélagos de desigualdad y pobreza, especialmente en el Ande y la Amazonía.
Como bien, escribe Alberto Vergara, joven politólogo de las canteras liberales;  si bien es cierto que la caída del gobierno de Fujimori significó el fin de un gobierno corrupto y de la captura más burda de las instituciones del Estado, pero el ordenamiento legal se mantuvo y un modo de articular Estado, sociedad y mercado también. Posteriormente, a pesar de todas las diferencias que uno pueda encontrar entre los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García e iniciado el tercer año del gobierno de Ollanta Humala, estos siguen siendo largamente similares. Una forma de mandar y gobernar se impone casi sola. Gobernar en el Perú es abdicar en favor del célebre piloto automático  (Vergara, Alberto, 2013). Es decir, no tocar ni con el pétalo de una rosa, al sacrosanto modelo económico neoliberal,  para que después ‘chorree’. Entonces, ¿cómo puede decirnos el señor Humala de que “El ‘chorreo’ es algo absurdo e inmoral”?, ¿cómo entender la inclusión social con un modelo económico excluyente?
Mientras para estos caudillos y sus seguidores, crecimiento económico significa desarrollo, para nosotros, nuestro país no ha logrado todavía convertirse en un país desarrollado. Lamentablemente, la historia de nuestros males contemporáneos de subdesarrollo se repite en una zaga de bonanzas y crisis de las exportaciones primarias, producidas por factores externos, como fueron las del guano, del salitre, del caucho en el siglo XIX; y las de los minerales en el siglo XX. También, ahora los precios altos o bajos de los minerales dependen de factores externos de una economía globalizada (de Rivero, Oswaldo, 2012). No obstante ello,  estos caudillos y sus ‘líderes de opinión’ nos siguen vendiendo la falsa idea de que la minería es la gran palanca del crecimiento y el desarrollo. Nada más falso,  iluso y demagógico.
Ahora bien, según el Tercer informe de los objetivos del Milenio elaborado por PNUD y presentado en días pasados, es tan evidente la desigualdad de algunas regiones como Huánuco, frente a otras, que junto con Apurímac tiene los índices más bajos de producto por trabajador. Según el mismo informe, Huánuco forma parte del grupo de 5 regiones donde la pobreza sigue siendo superior al 50% -junto a Apurímac, Ayacucho, Cajamarca y Huancavelica-, con una tasa de extrema pobreza superior al 20% de la población. Al mismo tiempo es una de las 4 regiones con mayor desnutrición crónica infantil, niños menores de 5 años y una de las 3 regiones más alejadas de la generalización del acceso a la educación primaria (De la Puente, Juan, 2013).
Lo anteriormente mencionado, es una pequeña muestra de las políticas sociales basadas en el ‘chorreo’, y del tan publicitado crecimiento económico,  que todos los gobernantes, incluido el actual,  vienen aplicando desde hace veintitrés años de festín neoliberal. El Perú, especialmente la región central, -Huánuco, Junín, Ayacucho, Huancavelica, Apurímac- es un territorio bendecido por la naturaleza, hermoso, rico y diverso con zonas de vida, tipos de clima que, lamentablemente, es castigado por el narcotráfico que destruye a la sociedad, con más desigualdad y pobreza, donde la violencia terrorista que desangró nuestros pueblos, fomentó la violación de los derechos humanos, generando el desarraigo y desplazamiento forzado de comunidades; el abandono del Estado; y la corrupción sistémica, en medio de la miseria y la desesperación en la que viven miles de niños, niñas, adolescentes,  jóvenes y sus familias.
 Mientras esta situación persista y no sea abordada integral y radicalmente, con políticas sociales que privilegien el desarrollo de las capacidades  y habilidades de los peruanos, seguiremos transitando  el camino de la impunidad, la anomia y, violencia indirecta o estructural; y de este modo la historia se repetirá. ¿Hasta cuándo no aprenderemos la lección para que nunca más se repita? En conclusión,  claro que el ‘chorreo’ es algo absurdo e inmoral.
Lima, 21 de octubre 2013.      

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