miércoles, 18 de junio de 2014

La hipocresía de la falsa ética


Las encuestas dicen que Humberto Lay es el parlamentario de mejor imagen. Recién se entiende por qué los otros partidos tuvieron que rogarle que vuelva a la Comisión de Ética, después de la aparente renuncia por el caso Cenaida Uribe. Dentro de la ficción que hoy es la política peruana, el pastor de Restauración Nacional pasa por ser un hombre irreemplazable para aparentar ética donde no la hay. Pero bastaría tomarse un tiempo para ver las trasmisiones de lo que se debate en la Comisión Lay, para concluir que sus miembros está solamente atentos a lo que los diarios publicarán al día siguiente. En el caso Uribe justamente se dio una mayoría que decía que el informe técnico era insatisfactorio y no podía sancionar. Al día siguiente, por supuesto, estaban colgados los de Gana Perú, Perú Posible y Mulder del APRA que habían formado la mayoría. Los medios pusieron entonces en carátula el toque de alarma: Lay se va y se acaba la ética. Pero Lay no se iba sino quería que la comisión se achicara para su mejor manejo como en la época en que se sancionó a Javier Diez Canseco y se blindó a Kenji; y que le entregarán la cabeza de Cenaida que era reclamada por el Grupo El Comercio. El Congreso bajó la cabeza ante el evangélico, y en la primera sesión de la comisión reconstituida los votos ya se habían cambiado y Gana Perú apenas si intentó pedir una sanción más benigna, que Lay dijo que no se podía aprobar porque no estaba reglamentado. Entonces todos votaron por 120 días, una semana después de haber hecho lo contrario. En realidad lo que se veía es que todo es política y nada responde a algún sentido ético. Sólo que Lay le da un toque hipócrita a la comedia. Eso ha vuelto a verse con la participación por encargo del fujimorismo de la congresista Chacón como alterna en la comisión de ética (a la que Díaz Dios decidió no ir) cuando se trataba el caso Gago. Claramente Chacón está para ser sancionada luego que el Poder Judicial la sentenciara en ausencia por enriquecimiento ilícito. Pero como no le entran balas fue para repetir el discurso sobre que la falta no era tan grave y que había que bajar la sanción. Pero el caso Gagó ya era demasiado mediático para que Lay pudiera salvarlo. Así que con su voz suavecita el pastor anotó que ya no se podía hacer otra cosa que dejar caer al fanfarrón congresistas del bigote. Chacón entonces anunció que iba a abstenerse. Y así sigue la comisión de ética entregando las cabezas de los más quemados y salvando a los más bandidos como el robagua de Huacho y otros a los que los grande jueces periodísticos de los comercios han decidido no bajarles el dedo, y Lay por supuesto acata. 18.06.14 www.rwiener.blogspot.com

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