martes, 12 de agosto de 2014

Tres hechos para recordar a Henry Pease

Sobre Henry Pease, caben los justos homenajes que hacen énfasis en los cargos que ocupó en la vida, los reconocimientos a su honestidad y las remembranzas al sólido académico que tenía fama de jalar en sus exámenes. También los que hablan de un tipo bueno, que deja el mejor recuerdo entre los que lo conocimos.
Pero, si hay que decir algo de lo que deja, me quedo con tres hitos de su trayectoria política que han marcado la historia reciente. Debemos a Henry, a su capacidad técnica y sentido de orden, el éxito administrativo y de gestión de la alcaldía de izquierda en Lima, entre 1984 y 1986, así como le debemos a Alfonso Barrantes y a su carisma, la relación entrañable que se construyó con el pueblo.
La segunda cosa que me evoca Henry Pease es, por supuesto, aunque pocos lo estén recordando, su labor como presidente de la Comisión Organizadora del Congreso de Izquierda Unida, que fue un proceso meticuloso que permitió elegir delegados en cada distrito del país trasladarlos a Lima para un evento de 4 mil participantes, durante cinco días en Huampaní.
Severo como fue siempre para todas las cosas, Henry se encargó él mismo de verificar que todas las delegaturas fueran las correctas y que se respetaran las proporciones entre distintas procedencias. Con Pease al frente se podía tener la certeza que nadie alteraría la voluntad de las bases y nadie aparecería como delegado fabricado.
Las razones por la cual, el Congreso que fue la cúspide que alcanzó la izquierda en su desarrollo organizativo, se convirtiera también en el escenario de una forzada división que la sacaría, en todos sus sectores, de la disputa por el poder, no tienen nada que ver con el papel unificador y organizador de Henry, y tal vez por ello, a pesar de sus muchas afinidades con Barrantes, y que ahora lo recuerden como un izquierdista moderado, el profesor de La Católica no se marchó con los disidentes, se quedó con el otro sector de la izquierda y fue luego su candidato municipal y presidencial, casi en labor de sacrificio.
El tercer asunto por el que nunca se podrá olvidar a Henry fue su actitud al recibir los documentos que procedían de un grupo militar clandestino que se hacía llamar COMACA (comandantes, mayores, capitanes), que denunciaban el asesinato de nueve estudiantes y un profesor por un comando militar denominado Grupo Colina, bajo la directa supervisión de Vladimiro Montesinos.
Pease abrió así, con una decisión que requería mucho coraje en un Congreso dominado por el fujimorismo y en un contexto de fuerte control de la opinión pública, un crimen que se transformaría en emblemático para el poder autoritario de los 90 y que sería uno de los factores claves para la condena a Fujimori. Así que moderado, prudente y buena gente, Henry no se empequeñeció ante la dictadura.
12.08.14

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