martes, 2 de diciembre de 2014

Raul Alfredo Wiener Fresco


29 de noviembre a la(s) 17:05 ·
 Agradecimiento

Agradezco de todo corazón a mis amigos del Diario Uno, por la hermosa nota en la que dan cuenta de mi nueva aventura de salud y de la que había evitado hablar como otras veces. La cosa es que el jueves no pude escribir para el viernes por los agudos dolores en el hígado que siguieron a la intervención del martes a la media noche en la nueva clínica de Oncosalud. Los artículos que aparecieron el miércoles y el jueves fueron adelantos previos al procedimiento al que fui sometido. Siempre me queda la incomodidad por haber roto mi récord de un artículo cada día que estaba a punto de alcanzar este año 2014. Contaré a mis lectores que lo que he vivido lleva el sonoro nombre de quimio embolización hepática y consiste en un delicado procedimiento por el cual se introduce un catéter por la vía arterial principal y se sigue el recorrido, hasta encontrar las ramificaciones que llevan al hígado y de ahí las arterias secundarias que estaban dando vida a dos tumores metastásicos que se habían aparentemente secado como producto de la gran cantidad de sesiones de quimioterapia que llevé desde septiembre del 2012 hasta junio de 2014.
Pero esta enfermedad es así. Un fuerte proceso bronquial prolongado me hizo suspender este tratamiento y unos meses después me aparecieron fiebres de origen desconocido, que los mejores médicos del Rebagliati trataron de descubrir en su origen durante 33 días. Cuando se comprobó que todo estaba bien, volví al consultorio del Dr. Carlos Vallejos que me trata desde hace dos años y en un dos por tres descubrió una diferencia de tamaño entre unas manchas en el hígado en el mes de mayo, que daban la impresión de ser cicatrices, y la nueva dimensión de estas lesiones en octubre, de acuerdo a una tomografía hecha por los técnicos de Essalud. La conclusión, que se confirmó en los exámenes posteriores, era que tenía dos grandes tumores que abarcaban casi la mitad del lóbulo derecho del hígado. Vallejos no es persona de dudas, pero a la vez tiene la virtud de usar la franqueza para bajar los nervios de sus pacientes. Eso es lo que me llevó a la intervención de la que me estoy reponiendo todavía y que con manos de pianista ejecutó el Dr. Carrillo. En diez años he sufrido tres crisis relacionadas con el cáncer. No es un récord para enorgullecerse. Pero sí puede servir para muchas personas afectadas por este traicionero mal, y sus familias, de que nunca estamos vencidos hasta que realmente nos vencen. El cáncer es siempre una dura prueba. Pero, como ven, ya soy de nuevo el escribidor que motiva a unos y enerva a otros. No puedo dejar de decir que esta nueva batalla me hace amar aún más vida. Y, por qué no, también anotar también que me hace extrañar con más fuerza a mis amigos y familiares que perdí por este mismo motivo. 29.11.14 www.rwiener.blogspot.com

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