miércoles, 6 de mayo de 2015

"No supimos ni quisimos ser lobos"


 por Manuel Acosta Ojeda
 Queríamos tomar el cielo por asalto. Rescatar nuestra música de la vulgaridad y la extranjerización superficial, crear espacios importantes para enaltecer a nuestro pueblo con la cultura peruana y universal a la que tiene derecho, darle dignidad y seguridad al artista como trabajador creativo. ¿Hace falta decir que no lo logramos? En 1960, una gran cantidad de artistas y músicos fundamos la Sociedad de Autores y Compositores del Perú (Saycope). Como dice una poeta nicaragüense, queríamos tomar el cielo por asalto, pero estábamos lejos de ser ángeles. Al menos, para el Perú formal. Rompimos con el derrotero mercantil y lambiscón de la música a pedido del poderoso y a medida de la conveniencia de la hora.
Bohemia creadora Nos declaramos bebedores, no “sociales” como se dice ahora, sino “socialistas”. No teníamos ni local, nos reuníamos en auditorios que alguna radioemisora nos facilitaba. Era un ejercito heroico que desde las más inimaginables carencias, pero también desde nuestra mejor tradición creativa y el más limpio compromiso social, desarrollaba una actividad social, cultural y musical, tan nutrida y tan persistente que causaría envidia a cualquier institución. Y eso, a pesar de la odiosidad de los que resentían nuestra independencia, de las calumnias, asombrosas para cualquiera que llegara a conocernos, de enriquecimientos y fraudes, y de la persecución de las fuerzas del orden, que llegaron a elaborar un informe de la entonces Policía de Investigaciones sobre nuestra “sociedad fantasma”. Por último, no fue nuestro tiempo. No había espacio en el reino del entretenimiento banal para nosotros. No éramos rentables en el mercado de compra y venta de conciencias. La poesía no tenía nada que hacer en los pasillos de la componenda a orillas o más alla de la ley. No servíamos para eso. A mucho orgullo. Éramos una Caperucita Roja, ferozmente comprometida, pero no supimos ni quisimos ser lobos. No fue en vano. No llegamos al cielo, pero si tomamos la dignidad por asalto, y eso no es poca cosa. Esa dignidad, estoy seguro, es una de las fuerzas de regeneración social que están trabajando para cumplir el destino que canté en mi ‘Canción de cal y canto’: “Y de tu pueblo potente ha de surgir \ El nuevo Kotosh, consciente de su rol \ Y volverá la alegría de vivir \ Se encenderán tus niños de ilusión \ Vendrá feliz a buscarte el porvenir”. (Manuel Acosta Ojeda) Solo un delito es grave, la pobreza, ser bueno casi siempre es ser cobarde, ser honrado no es cierto es un alarde, es el temor de hacer una bajeza. Ningún dios vale más que la riqueza, la virtud como incienso en su altar arde, la voluntad más fiel, hoy o más tarde, es el temor de hacer una bajeza. Fuente: http://www.elperuano.com.pe/edicion/noticia-musicalsolidaridad-28855.aspx#.VUY_-45_Okp

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